El síndrome del intestino irritable (SII) es una enfermedad crónica con síntomas como dolor abdominal, cólicos, diarrea o estreñimiento . Es común y puede estar infradiagnosticado, principalmente porque los síntomas varían mucho entre personas.
Posibles causas y factores asociados
El síndrome del intestino irritable puede implicar:
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cambios en la motilidad intestinal
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hipersensibilidad intestinal
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cambios en el microbioma
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intolerancias/sensibilidades alimentarias
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infecciones gastrointestinales previas
En muchos casos los síntomas están influenciados por desencadenantes como:
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estrés
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cambios hormonales (más comunes en mujeres)
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sueño irregular
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patrones de alimentación inconsistentes
Diagnóstico y seguimiento
El diagnóstico debe ser realizado por un gastroenterólogo , con evaluación y pruebas cuando sea necesario. El plan suele incluir cambios en la dieta y el estilo de vida, a menudo con apoyo nutricional.
Estrategias prácticas (adaptarse al tipo de síntoma)
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Fibra dietética: puede ayudar en algunos perfiles (y empeorar en otros); ajustar gradualmente.
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Hidratación: referencia objetivo ~2L/día (ajustable al individuo)
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Diario de alimentación: identifica patrones reales y desencadenantes.
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Actividad física regular: apoyo general al funcionamiento intestinal.
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Dormir: la constancia y la calidad importan.
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Manejo del estrés: yoga, meditación, respiración, descansos programados.
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Restricción de lactosa y/o gluten: sólo si existe sensibilidad.
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Bajo en FODMAP: cuando esté indicado y de forma temporal y guiada.
Dónde pueden encajar los suplementos (sin sustituir la base)
Durante las fases más restrictivas, puede ser útil asegurar una ingesta adecuada de micronutrientes con:
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Multivitamínico apropiado para la tolerancia (prestar atención a la inulina/lactosa/polioles, dependiendo de la sensibilidad)
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apoyo puntual (por ejemplo, lactasa, cuando la lactosa es el desencadenante identificado)
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